Síndrome de Burnout: ¿Tengo estrés o agotamiento?

Escrito por Seila Cuartero el 11/07/2022

Mujer estresada delante de un ordenador

“Burnout”, es un término que cada vez escuchamos más. ¿Te suena? El síndrome de burnout o “síndrome del trabajador quemado” es la cronificación del estrés laboral.

Pero, ¿qué es lo que sucede? ¿Ya no somos tan resistentes como antes? ¿O quizá nuestro cuerpo está sometido a más estrés que hace unos años? Para entender qué está pasando vamos a indagar en qué significa exactamente el estrés y qué es realmente el síndrome de burnout o “síndrome del trabajador quemado”. 

¿Qué es exactamente el síndrome del agotamiento o 'Burnout'?


El agotamiento es una falta de energía psicológica que suele manifestarse durante un periodo de tiempo prolongado y que conduce a un estado de agotamiento total, tanto físico, mental como emocional. La persona suele sentirse "quemada", nada le parece divertido, todo se vuelve indiferente, la desesperación y la desesperanza se convierten en el estado emocional habitual. 

¡Estoy estresado!

Para evaluar si el estrés nos está perjudicando, primero hay que aclarar qué es realmente el estrés. Seguro que alguna vez hemos dicho o hemos escuchado la frase: "Tengo estrés". Esto suele significar que tenemos que hacer muchas cosas a la vez en un mismo día, que tenemos que ir de un asunto a otro y que no tenemos tiempo para tomarnos un descanso entre una tarea y la otra. El día ha sido duro, por la noche estamos agotados y nos conformamos con poder descansar. Pero, ¿es realmente estrés? ¿O es "solo" un día intenso de trabajo?

Científicamente, el estrés es una reacción de nuestro cuerpo provocada por estímulos externos y que sirve para hacer frente a estos estímulos. Este sistema se denomina "Síndrome General de Adaptación" (SGA) y es imprescindible para garantizar nuestra supervivencia, ya que ayuda a reaccionar rápidamente en una situación de peligro, por ejemplo, reaccionar para evitar un atropello. El sistema activa determinados procesos del organismo que nos aportan energía (libera adrenalina, aumenta el ritmo cardíaco y la respiración, y se dispone de más cantidad de glucosa para la demanda creciente de energía).

Al mismo tiempo, otros procesos que no son necesarios en esta situación se regulan a la baja (por ejemplo, la digestión, la función sexual o el sistema inmunitario). Una vez pasado el peligro, los mecanismos se regulan de nuevo y el cuerpo puede relajarse.

En la actualidad, rara vez nos exponemos a situaciones peligrosas. Pero el estrés moderno (la exigencia de rendimiento, las agendas apretadas, la sobrecarga de información o la necesidad de conciliar el trabajo y la familia) desencadena las mismas reacciones en nuestro cuerpo.

Cuando nos encontramos en una situación de estrés, se liberan las hormonas de la felicidad. Esto nos motiva, aumenta nuestra atención y rendimiento, y podemos completar nuestras tareas diarias con éxito. En este caso, hablamos de Eustrés (estrés positivo).

Sin embargo, si nos sentimos abrumados por las tareas y la situación nos resulta desagradable o amenazante, estamos ante un disestrés (estrés negativo). El estrés que dura mucho tiempo puede acabar convirtiéndose en disestrés.

Con ese estrés permanente, nuestro organismo vive en constante alerta, lo que hace que nuestro cuerpo no pueda relajarse. En algún momento, nuestras reservas de energía se agotan y reaccionamos a los estímulos negativos con mayor inquietud nerviosa (tensión interna con falta simultánea de calma y equilibrio) y agotamiento (debilidad física, fatiga, desgana, menor rendimiento). Entonces, incluso en las fases sin estrés agudo, el organismo ya no puede descansar y aparece el síndrome del agotamiento. 

¿Cómo puede afectarme el estrés?

No hay una respuesta común a esta pregunta. Alguien sufre de estrés cuando lo siente como una carga en su día a día. Cada persona tiene su propio límite.

Además, el impacto individual de un estímulo depende del carácter y el grado de reacción de la persona afectada ante el mismo. Una actitud negativa suele implicar una sensibilidad excesiva y un perfeccionismo exagerado, luego puede hacer que la persona sea más sensible al estrés. Por tanto, cada persona puede influir en este tipo de situaciones a través de sus pensamientos o percepciones.

De hecho, ante una misma situación, la persona puede vivirla como una amenaza o como un reto. En especial, suele pasar esto en personas dinámicas, enérgicas y con necesidad de alcanzar el éxito en su trabajo. Se consideran así mismas indispensables e intensifican su compromiso cuando las cosas no salen como habían imaginado. Para estas personas, una gran carga de trabajo suele desembocar en una exigencia excesiva. Toman la falta de rendimiento como un fracaso para su carrera. 

Asimismo, el estrés también se produce en el ámbito doméstico. Muchas personas están en su vida persona en constante movimiento y no consiguen desconectar. Aunque nuestras actividades de ocio sean divertidas, no debemos andar con prisa o inquietud de una actividad a otra. Si olvidamos relajarnos, incluso las experiencias supuestamente agradables acabarán convirtiéndose en una carga. Es importante que a una fase de estrés y actividad, le siga siempre una fase de recuperación para que el organismo pueda regenerarse.

Los factores que a la larga pueden hacernos sentir mal y posiblemente desarrollar el síndrome del agotamiento son:

  • Alta presión de rendimiento o gran responsabilidad

  • poco apoyo y valoración

  • Presión de los plazos

  • Altas expectativas de los propios

  • Exceso de actividad y disponibilidad constante

  • Poca confianza en sí mismo

  • Dormir poco o no descansar bien.

  • Situaciones de estrés en la rutina diaria

  • Sensibilidad al estrés

  • Inestabilidad emocional

  • Causas orgánicas como enfermedades crónicas

  • Resistencia a ceder tareas y dificultad para decir "no".

  • Conflictos interpersonales

  • Elementos ambientales como la contaminación acústica o los altos niveles de contaminación.

Es alarmante que incluso los niños de hoy en día estén sometidos a un estrés constante. Los padres y los profesores, en particular, deben reconocerlo para proteger a los niños del exceso de estrés.

Eso sí, hay métodos que ayudan a reducir la sensación de estrés en el organismo que conviene conocer. 

Efectos del estrés

Si tu organismo está sometido a demasiado estrés, aparecerán síntomas que deberías considerar como advertencia:

  • Capacidad para trabajar bajo presión, disminución de la concentración y del rendimiento

  • Trastornos del sueño.

  • Frustración: aumenta la irritabilidad y el comportamiento agresivo.

  • Desarrollo de comportamientos incontrolados, como rechinar de dientes o tics.

  • Palpitaciones, temblores, aumento de la sudoración, manos y pies fríos, hormigueo en brazos y piernas.

  • Molestias gastrointestinales.

  • Mayor riesgo de infección debido al debilitamiento del sistema inmunitario.

  • Problemas sexuales.

  • Zumbido y pérdida de audición.

  • Dolores de cabeza, cuello y espalda.

  • Mareos.

  • Aislamiento social.

  • Trastornos derivados de enfermedades del metabolismo (p. ej., diabetes) o del sistema cardiovascular (p. ej., hipertensión arterial, infarto de miocardio).

  • Depresión.

  • Disminución de la empatía.

  • Sentir una disminución del propio rendimiento laboral.

A menudo se ignoran estas señales de advertencia y se intentan acallar con alcohol o medicamentos, que lejos de solucionar el problema, solo lo alargan.

Consejos contra el estrés

Si la persona se siente abrumada, inquieta, nerviosa o incluso con síntomas físicos, no se trata únicamente de una sensación. El estrés crónico provoca un desequilibrio entre las sustancias mensajeras excitadoras e inhibidoras del organismo, el equilibrio hormonal cambia y se liberan más radicales libres que dañan nuestras células. Es momento de tomar medidas.

Por lo general, las personas no pueden cambiar su entorno, así que es necesario que la persona aprenda a lidiar con el estrés de forma diferente.

El método adecuado varía mucho de una persona a otra, porque las causas también tienen que ver con la situación vital personal. Por ello, es importante encontrar la estrategia adecuada para reducir el estrés.

Los siguientes consejos ayudan a relajar y restablecer el equilibrio del organismo:

  • Hacer ejercicio regularmente.

  • Mantener una buena higiene del sueño.

  • Mantener los contactos sociales.

  • No reprimir los problemas.

  • Buscar aficiones sin entrar en el estrés del tiempo libre.

  • Seguir técnicas de relajación como la meditación o el yoga.

  • Relajarse dando un paseo o tomando un baño.

  • Llevar una dieta equilibrada y disfrutar de las comidas, es decir, tomarse tiempo para comer.

  • Establecer una gestión eficaz del tiempo (establecer prioridades, hacer listas de tareas pendientes, planificar los márgenes de tiempo).

  • Prescindir del teléfono móvil durante un tiempo.

  • Practicar la atención plena (concentrarse en una cosa y prestar atención a las propias necesidades).

  • Dejar algunas tareas en manos de otros y aprender a decir "no".

  • Utilizar aceites esenciales para reducir el estrés.

  • Evitar la cafeína u otros estimulantes. Activan el sistema nervioso y la potencia del cerebro, pero durante un corto periodo de tiempo, por lo que el agotamiento aparece rápidamente.

Si los síntomas de estrés duran más de cuatro semanas, debe consultar a un médico. Los síntomas también podrían deberse a otras enfermedades, que deberían aclararse. También es importante tomar medidas para hacer frente al estrés lo antes posible para que no se convierta en algo crónico y evitar un síndrome de agotamiento.

Si sigues los consejos antiestrés, aunque no se tengan síntomas, no se desarrollará una situación de estrés en primer lugar.

Riesgo de confusión


El síndrome de burnout no debe confundirse con el síndrome de fatiga crónica (SFC). Mientras que el síndrome de agotamiento es una falta de impulso de origen psicológico, el SFC es una enfermedad del sistema nervioso. Provoca síntomas físicos como inflamación, dolores de cabeza y musculares, así como alteraciones de la función cerebral, acompañadas de una gran fatiga, trastornos del sueño y de la concentración. El SFC, a diferencia del burnout, suele aparecer de forma relativamente repentina, a menudo tras una infección vírica.

Hasta el momento, no existe un criterio de diagnóstico internacionalmente aceptado para el burnout. Por lo tanto, puede confundirse fácilmente con la depresión, ya que algunos de los signos son idénticos. Sin embargo, también existen claras diferencias que requieren tratamientos diferentes y pueden ser perjudiciales para la otra enfermedad. Por último, pero no por ello menos importante, la depresión también puede producirse como resultado del agotamiento.

Así que ante cualquier síntoma, prevención, escucha a las señales de nuestro cuerpo y por supuesto, acudir a un especialista.